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Consejo Nacional para el Entendimiento Público de la Ciencia.

Degradación y transformación de los manglares en las zonas costeras


Cruz-Romero, B.1,2, J. Téllez-López1, F. Maciel-Carrillo1, Ma. del C. Navarro-Rodríguez1 y J.C. Morales-Hernández1 1. Centro Universitario de la Costa. Universidad de Guadalajara, Puerto Vallarta, Jalisco. Av. Universidad de Guadalajara #203 C.P. 48280. Delegación Ixtapa, Puerto Vallarta, Jalisco, México. Tel. 013222900525. 2. Instituto Tecnológico de Bahía de Banderas. Crucero a Punta de Mita, S/N, La Cruz de Huanacaxtle, Nayarit, México. Tel. 013292955888

INTRODUCCIÓN
Las actividades humanas que se desarrollan en la zona costera, a la vez que generan una serie de bienes y servicios para la población, provo-can también fuertes conflictos con el ambiente impactándole severamen-te; en ocasiones estos impactos son irreversibles cuando se realizan en forma incontrolada. En los últimos años, se ha incrementado la densi-dad de asentamientos humanos y esto ha provocado la deforestación y el ingreso de diferentes contaminan-tes a los sistemas estuarinos y recur-sos naturales que constituyen la zona costera.
Las fuentes de deterioro son muy variadas, y dependen de cada re-gión, estado y municipio. Las princi-pales perturbaciones en nuestro país son la construcción de infraestructu-ra turística, sustitución por campos de cultivo, potreros, camaronicultu-ra, asentamientos humanos y la industria petrolera. Moreno et al., (2002), mencionan que estas activi-dades han reducido las superficies de bosques, selvas y pantanos. Las cuencias hidrológicas están siendo contamindas, al igual que laos siste-mas acuáticos costeros, entre los que se cuentan los manglares.

Estos ecosistemas son definidos por Bacon (1980) y Lot y Novelo (1990) como la comunidad que correspon-de a la vegetación arbórea o arbusti-va, que se localiza en zonas maréa-les de baja energía en bahías prote-gidas, lagunas costeras, estuarios, y deltas de ríos y que ocupa la zona que corresponde al ecotono entre el medio acuático y el terrestre. Whit-taker y Likens (1975) y Day et al., (1987) sitúan a los manglares entre los sistemas más productivos del mundo siendo su producción com-parable a la de las selvas tropicales, y a los cultivos intensivos como el de caña de azúcar con valores entre 30 y 60 ton/ha/año de materia orgáni-ca.
Flores (1990) y Yánez y Seijo, (1991) señalan que el manglar, como com-ponente principal de los pantanos costeros, juega también otros pape-les ecológicos tales como, descarga y recarga de agua subterránea, control de flujo y reflujo de aguas estuarinas, protección contra la erosión, estabilización costera, re-tención de sedimentos y nutrientes, como filtro biológico manteniendo la calidad del agua, protección con-tra fenómenos meteorológicos, estabilización climática de la región, amortiguamiento de los contami-nantes de sistemas vecinos, refugio y reclutamiento biológico de nume-rosas especies comerciales y de valor estético.
Cintron y Schaeffer (1981) registran en los trópicos del planeta cuatro familias de mangle con 44 especies, de las cuales 12 de ellas están re-presentadas en América. Pennington y Sarukhan (1969), reporta para las costas de México cinco especies de mangle: “mangle rojo” Rhizophora mangle, “mangle blanco” Laguncula-ria racemosa, “mangle negro” Avi-cennia germinans, “mangle botonci-llo” Conocarpus erectus, en tanto que Ramírez y Segura (1994) regis-
tran “mangle amarillo” Rhizhophora harrisonii, en las costas de Chiapas.
Como se mencionó anteriormente estos ecosistemas y sus especies, están sufriendo procesos de degra-dación antropogénica; ocasionando con ello áreas alteradas reducidas a “islas”. Distribuidas en extensiones de pastizales, cultivos agrícolas, áreas urbanizadas, polígonos indus-triales y zonas turísticas. De esta manera; y como se ha visto desde hace varias décadas los humedales costeros como los manglares, están siendo objeto de usos incompatibles con la conservación de este ecosiste-ma (Moreno, et al., 2002).
En diversas ciudades costeras, puer-tos turísticos y comerciales de nues-tro país, es notoria la convergencia de diferentes intereses que compi-ten mediante estrategias distintas por la apropiación de los mismos manglares para usos con frecuencia excluyentes (Jiménez, et al., 2005). Caso, et al., (2004) mencionan que las consecuencias de la ausencia de planeación urbana y turística se han reflejado en la degradación de eco-sistemas relevantes en el Golfo de México, tales como los arrecifes coralinos frente al puerto de Vera-cruz y Tuxpan, los manglares en la cuenca del Papaloapan, los humeda-les en Tabasco, lagunas costeras y estuarios desde Tamaulipas hasta Yucatán.
Meyer (1998), Valencia et al., (2005) registraron en la región del Caribe Mexicano los impactos ambientales provocados por el uso de suelo en los sistemas de manglar; y hacen referencia a la actividad turística del siglo XX como iniciadora de los pro-blemas ambientales en la costa de Yucatán y Quintana Roo.
En el Pacífico Mexicano, Ocampo (2005); PRONATURA (2005) adjudi-can el deterioro ambiental de los
manglares al cambio de uso de sue-lo, como consecuencia de las activi-dades agropecuarias, urbanas e industriales y a la falta de un manejo adecuado de estos ecosistemas, lo que ha provocado que no exista la participación de las comunidades ya que las propuestas no responden a los intereses inmediatos de la pobla-ción. En tanto, Alfaro y Sánchez (2002) y García (2002), determinan diferentes usos relacionados con el aprovechamiento del potencial turístico del manglar: avistamiento de aves, senderismo, paseos por los canales y otras actividades relacio-nadas con el turismo ligado a la naturaleza.
Jiménez, et al., (2005) señalan, la constante y creciente presión antro-pogénica a la que están sometidas la laguna Valle de las Garzas, Juluapan y parte de la laguna de Cuyutlán, en Colima, a causa de un urbanismo desmesurado y erróneamente pla-neado. En contraste, en el Pacífico Norte se han hecho propuestas para establecer corredores ecoturísticos como es el caso del estero El Verde en Sinaloa, Tapia (2005) considera que esta propuesta puede contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades rurales en la región, ya que el paisaje escé-nico y la riqueza en flora y fauna hacen viable este recurso para ser ofertado y utilizado con fines turísti-cos. En marismas nacionales Valdéz, (2005), establece programas de manejo forestal, en tanto Sanjurjo (2005), propone la aplicación de técnicas de valoración económica para conocer las aportaciones del ecosistema a la economía.
SITUACIÓN DE LOS MANGLARES EN LA REGION BAHÍA DE BANDERAS
Con respecto a la bahía de Banderas, (compartida por los estados de Jalisco y Nayarit), Estrada (2000) reporta tres especies de mangle: R.

mangle, L. racemosa y A. germinans. Sin embargo el crecimiento de la infraestructura urbana, turística y de servicios públicos ha propiciado que en la región se pierdan y deterioren continuamente los ambientes naturales de los manglares y las especies de flora y fauna asociadas. Por otro lado Del Castillo (2007) considera que las presiones ambientales en los sistemas estuarinos del estado de Jalisco corresponden a la apertura de desarrollos de Gran Turismo, mientras que en la región de Bahía de Banderas, en los municipios de Puerto Vallarta, Jalisco y Bahía de Banderas, Nayarit. Cifuentes, et al., (2002), señalan que los sistemas estuarinos: estero El Salado, Boca Negra-Boca de Toma-tes y Laguna El Quelele, presentan fuertes presiones antropogénicas por el efecto de la mancha urbana en éstas áreas, situación que ha llevado a estos sistemas a un inminente grado de destrucción, reducción y deterioro de sus componentes bióticos y procesos ecológicos.
Varios autores señalan que la dinámica del desarrollo regional desde los años 30’s en la Bahía de Banderas, y en particular sobre los ecosistemas de manglar, han acelerado la reducción del potencial ecológico, económico y turístico (Olveda, 1993; Munguía, 2000; y Ci-fuentes et al., 2002).
Por otro lado en el Diario Oficial del Gobierno del Estado de Jalisco, (2000) se señala que el crecimiento urbano y de servicios turísticos en la década de los 70’s, así como la construcción de la rada portuaria de Puerto Vallarta, han afectado particularmente al estero El Salado.
Asimismo Cifuentes et al., (2002) mencionan que es también en esa década cuando el desa-rrollo que hoy conocemos como Nuevo Vallarta y la ampliación del poblado Jarretaderas sobre los terrenos aledaños a la Laguna El Quelele reduce dramáticamente la conexión natural entre estos cuerpos costeros, quedando frag-mentos relictuales del estero Boca Negra-Boca de Tomates.
Por tal motivo es necesario realizar investigacio-nes que involucren a la planeación turística, en las que el análisis de los recursos con potencial turís-tico como los manglares; y la evaluación de sus valores y usos, proporcionen un manejo integral que permitan en primer lugar hacer una autoeva-luación partiendo de los impactos y amenazas ambientales de estos sistemas para plantear alter-nativas dentro del paradigma del desarrollo sus-tentable a corto, mediano y largo plazo.
En un sentido amplio, los sistemas de manglar de la Bahía de Banderas, deben ser considerados de suma importancia, tanto por sus características ambientales, como por sus valores estéticos, potencial turístico, cultural y económico; desta-cando sus recursos tanto naturales como artificiales, a través de un inventario; y la necesidad de realizar programas de conservación y aprovechamiento sustentable, que concilien las demandas de diversificación y nuevos segmentos del turismo.

LA DEFORESTACIÓN COMO PRINCIPAL AME-NAZA DE LOS MANGLARES
Los manglares son explotados directa o indi-rectamente mediante la extracción de made-ra y leña, para la construcción o bien median-te la captura de algunos reptiles, aves, mamí-feros y/o pesca artesanal de algunos molus-cos, crustáceos y peces, organismos que en muchas regiones constituyen la única fuente de recursos alimenticios y económicos para las comunidades asentadas en las áreas de manglar (Doat, 1997; Chong, 1989; Pizarro y Angulo, 1994).
La abundancia y explotación de los recursos naturales al interior de los manglares ha sido la causa que ha provocado su alteración, debido a la sobreexplotación de los recursos silvícolas, cinegéticos y pesqueros contenidos en estas comunidades (FAO, 1994; Ulloa – Delgado, et al ,1998).
Se estima que durante las pasadas décadas se han destruido la mitad de los manglares existentes originalmente en todo el mundo. Tradicionalmente se ha aprovechado la ma-dera de los manglares para la obtención de leña, carbón vegetal o material para curtir. Pero la extracción de estas cantidades relati-vamente escasas de madera por parte de la población costera no ha supuesto un peligro para la existencia de los manglares.
Sólo la destrucción de grandes superficies mediante su transformación en plantaciones de arroz o cocoteros e incluso en tierras de cultivo mediante desecación, ha agudizado dramáticamente la situación. El retroceso de las superficies de manglares en todo el mun-do ha contribuido especialmente la prolifera-ción de instalaciones para el cultivo de cama-rones y langostinos.
En Ecuador y las Islas Filipinas, por ejemplo, la expansión incontrolada de la acuicultura de camarones y langostinos ha ocasionado hasta la fecha la deforestación del 70% de los man-glares existentes en dichos países. El principal problema derivado del uso de una zona para este tipo de acuicultura es que, transcurridos entre tres y un máximo de diez años, los estanques deben abandonarse debido a la contaminación de los fondos por los produc-tos químicos y la reforestación resulta impo-sible durante décadas en la mayoría de los casos (Tabla 1).
Los bosques de manglar poseen una gran importancia para el ser humano, porque son una fuente muy importante de alimento y en ocasiones son la base de la economía de algunas comunidades ribereñas que se sus-tentan únicamente de las actividades de
pesca dentro de los canales del bosque de manglar. Los manglares han sido impactados tan drásticamente por diversas actividades mencionadas con anterioridad que será una enorme tarea lograr la rehabilitación de los bosques en todo el mundo. Esto es una labor muy difícil, pero no imposible.
LA LEGISLACIÓN AMBIENTAL CON RESPECTO A LA PROTECCIÓN DE LOS MANGLARES
Se puede considerar que nuestro país se en-cuentra a la vanguardia en materia de legisla-ción ambiental. Evidencia de esto y un paso importante, fue la elaboración y aplicación de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) en el año de 1988.
Sin embargo, con todos los instrumentos jurídi-cos con que cuenta la legislación ambiental, México presenta serios problemas para llevar a cabo acciones de conservación en materia de medio ambiente y en específico sobre recursos naturales. Estos problemas no se deben a la falta de leyes, reglamentos y normas, sino a la falta de precisión y coordinación de éstos, y al traslape de las atribuciones de las distintas dependencias y niveles de gobierno.
Por otra parte, estos instrumentos jurídicos usualmente no llegan a ser aplicables, ya que algunos de ellos son obsoletos, se traslapan o son tan generales que no son claros en los casos específicos reales.
Además, está la discreción que se le confiere a la autoridad para su aplicación o interpreta-ción. Lo anterior resulta en la falta de obser-vancia de estas medidas por parte de la pobla-ción, ya sea por ignorancia o la poca importan-cia que se les atribuye.
Respecto a la legislación que protege a los manglares, a mediados de la década de 1990, dio inicio un largo esfuerzo de siete años por parte de académicos, organizaciones civiles, empresarios y distintos sectores del gobierno que concluyó en abril de 2003, con la publica-ción de la NOM-022-SEMARNAT-2003, relativa a la protección de humedales costeros en zonas de manglar.
Esta norma oficial pretende revertir la destruc-ción de este ecosistema, sin embargo, sólo tuvo vigencia de un año, ya que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), decidió modificarla, añadiéndole unas líneas que permiten eludir las restriccio-nes que protegen al manglar, dejándola sin efecto. Ante las manifestaciones y protestas de organizaciones ambientalistas por los cambios realizados, la SEMARNAT, anunció posterior-
mente que se abriría a consulta pública para ser modificada nuevamente. Los cambios efectuados de acuerdo con Enciso (2005), permitieron el desa-rrollo de proyectos turísticos como la tercera fase de Costa Cancún, ya que la legislación consideró la “compensación” económica a cambio de autorizar obras y actividades que antes estaban prohibidas. En la actualidad esta norma tiene por objeto esta-blecer las especificaciones que regulen el aprove-chamiento sustentable en humedales costeros para prevenir su deterioro, fomentando su conserva-ción, y en su caso, su restauración (DOF, 2003). La SEMARNAT reconsideró la aplicación de esta nor-ma, debido a que los manglares son de vital impor-tancia para la subsistencia de pesquerías y sistemas aledaños, así como para la absorción de contami-nantes disueltos en el agua, además de la protec-ción que ofrecen frente a los fenómenos meteo-rológicos.
CONSIDERACIONES FINALES
Como se ha discutido anteriormente, el deterioro y la fragmentación de los ecosistemas costeros, entre ellos incluidos los manglares, con la con-gruente pérdida de su biodiversidad; son de los problemas ambientales más graves de la zona costera. Ante este esquema, el valor de los mangla-res y los servicios ambientales que prestan a los ecosistemas adyacentes; tendrán que ser garanti-zados a través de acciones de control del deterioro y pérdida de su calidad ambiental, sobre todo, ante externalidades e impactos ambientales sinérgicos y acumulativos.
Por este motivo es imprescindible ampliar y actuali-zar el conocimiento sobre la biodiversidad y el estado de conservación de los ecosistemas críticos como los manglares, o de aquellos que tengan asociadas especies amenazadas o en peligro de extinción o sujetas a manejo y aprovechamiento, así como de áreas naturales protegidas costeras, con el fin de proponer y desarrollar estrategias de conservación, manejo, rehabilitación y restaura-ción.
Para ello será preciso buscar opciones de desarrollo integral en las regiones costeras; que entre otros provoque el tránsito de un enfoque de protección de “los manglares” bajo un esquema insostenible a integrar una de red de manglares con esquemas de aprovechamiento sustentable como el turismo asociado a la naturaleza.
Se debe trabajar simultáneamente en la concerta-ción, al fortalecer mecanismos para todos los sec-tores y personas interesadas, ahondar en los estu-dios sobre los ecosistemas de manglar; impulsar la elaboración conjunta de un plan sobre el uso del patrimonio natural y el territorio, aplicar herra-mientas técnicas para restaurar los sistemas, mejo-rar la producción e incrementar las condiciones de vida locales, y divulgar las experiencias impulsando el intercambio de conocimientos y experiencias entre las poblaciones y autoridades asociadas a los ecosistemas costeros De manera general los sistemas de manglar enfrentan problemáticas ambientales que, en algunos casos han superado la capacidad de atención de las autoridades gubernamentales correspondientes, lo que evidencia necesaria-mente la formulación y aplicación de acciones derivadas de políticas ambientales normativas y apegadas a la realidad local de los sistemas en referencia.
Sólo así se podrán enfrentar con éxito los múltiples problemas derivados de las deficien-cias en la dotación de suelo urbano, infraes-tructura, vivienda, equipamiento y servicios en general, en el marco de una planificación ambiental que promueva el desarrollo integral y sustentable de las regiones costeras.
4.4 LITERATURA CITADA
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